Estudio de tatuaje

El local contaba en inicio con 140 m2 atomizados en pequeños espacios oscuros y angostos, partidos en dos alturas mediante altillos. Al derruirlos, se desvelaron las cualidades del sitio y aparecieron dos grandes salas: una abriendo a calle, otra a patio trasero. La primera sirve ahora como gran sala de dibujo y recepción, en la que se recupera el antiguo arco de entrada que hace de escaparate al exterior. En la segunda aparecen cuatro cabinas formadas a partir de paramentos ligeros metálicos que hacen las veces de biombos, dando privacidad a los espacios pero permitiendo entrever qué ocurre al otro lado del vidrio, sin acabar de distinguirlo. Un zócalo de superficies limpias protege estas cámaras asépticas y las separa de las zonas comunes, donde se resaltan más los elementos existentes tales como los arcos de galería o los paramentos cerámicos y se deja lugar para exponer numerosas muestras de tatuaje. Foto: Adrià Goula